• Inicio
  • A Manera de Presentación
  • Niño Interno
  • El Yo Racional
  • El Yo Superior o Espiritual
  • Blog

Zhoelix

Autoayuda

Fuentes web
Entradas
Comentarios

Niño Interno

Tres Dimensiones de mi Ser

Una de las primeras evidencias que tengo entendida es que soy un ser complejo. Que a veces quiero una cosa y termino haciendo otra. Como por ejemplo cuando quiero hacer dieta o cuando prometo que haré ejercicios o que voy a empezar “mañana” a estudiar chino mandarín.

En esos momentos uno piensa… “¿por qué me estoy saboteando”. O a lo mejor no lo vea tan claro, y sin embargo, luego de intentos, afirmaciones, rezos y devociones diversas, aprecia que hay algo en su vida que no cambia y que la deja siempre en el mismo sitio en el que empezó o incluso peor, porque además, ahora, está desmotivada. Esto suele acabarse cuando uno acepta y entiende que no es solamente este ser pensante que ha decidido algo (ya sea aprender chino, adelgazar, curarse, sacarse la lotería, etc.) sino que es además ese cuerpo que uno tiene. Y además es un espíritu superior.

Volver al inicio

Primera Dimensión: Niño Interno o Ego

Cuando leí esta teoría me pareció verdadera. Me cuesta creer que un extraterrestre (o varios) se lo dictaron a la autora. Prefiero pensar que ella lo sabía por esa sabiduría interna que tenemos los humanos y que a veces no oímos o incluso menospreciamos. Y digo esto porque cuando leí algunos escritos de Jelaila Starr sobre el niño interno me pareció que tenía razón porque yo también “sabía” (intuitivamente) eso. Y a mi no me habla ningún extraterrestre, ni tengo mucho interés en que lo hagan, por lo menos no ahora. Lo que les voy a decir no es copia exacta de lo que dice Jelaila, es lo que yo entiendo de lo leído y de lo experimentado por mí y lo que he condensado de lecturas desde hace muchos años sobre temas similares. (O a lo mejor para que lo que yo digo adquiera más autoridad podría decir que es lo que mis Guías Espirituales me han soplado al oído y me piden que transmita al mundo por esta vía. Son sólo dos puntos de vista diferentes con un mismo resultado)Empezamos aceptando que todas las personas tenemos un cuerpo, una materia básica elemental que alimentamos, abrigamos, y todo lo demás. Este cuerpo es “manejado” por una dimensión de nuestro ser que es nuestro “Niño Interno”. Este niño nos protege de amenazas externas y cuando siente amenazas muy fuertes, toma medidas igual o más fuertes (medidas desesperadas).Cuando nos miramos al espejo y nos decimos lo guapos que estamos hoy, eso se lo estamos diciendo a nuestro niño interno. Cuando nos escapamos a mitad de la tarde y nos vamos a una heladería a disfrutar solos una copa de helado con crema y chocolate, estamos mimando a ese niño.Lo que ocurre es que por diversas fuentes se nos ha dicho que esos son actos de egoísmo, o que somos egocéntricos. Es por eso que continuamente los bloqueamos o los criticamos.Si por ejemplo, nuestro niño interno siente que está en una relación monótona, aburrida en donde sólo da y da y no recibe compensaciones, es posible que ese niño nos lleve a involucrarnos en un amorío (romance extramarital) en el que ese niño se siente nuevamente mimado. A ojos de terceros es un acto de egoísmo, a ojos de nuestro niño interno, es un acto de superviviencia.

Entonces, un lado de nosotros condena nuestra actuación, pero volvemos a caer en ella. ¿Qué es lo que pasa? Pasa que a nuestro niño interno lo hemos abandonado, no le hemos explicado las cosas, no conversamos con él y de cuando en cuando lo agredimos porque lo llamamos “niño malo” y eso lo confunde y lo hace reaccionar con otras nuevas medidas desesperadas que a ojos externos podríamos bien llamar “actos de autosabotaje”.

Es una explicación muy simplista, pero a lo mejor al leerla te das cuenta que “sabes” que esto es así. Y ya empiezas a encontrarle sentido a los actos más extraños, como por ejemplo cuando saboteas tus dietas para adelgazar (tu niño interno siente que está entregando demasiada energía y no quiere morir de hambre, es por ello que se aprovisiona de toda la energía posible), o saboteas tus relaciones personales y amorosas (tu niño interno siente que tu intimidad se ve amenazada porque alguna vez anterior sufriste y no quiere que vuelvas a sufrir) y así… pon tú el ejemplo.

El niño interno responde a nuestro nombre familiar. Ese nombre por el que nos conocen sólo los de casa, ese que nos dicen sólo los que nos conocen de toda la vida y nos quieren, sólo tú sabes a qué nombre responde tu niño interno. Refresca la memoria, recuerda su nombre.

Volver al inicio

Conversaciones con mi Niño Interior

Como ya hemos dicho, a nuestro niño interior lo hemos venido reprimiendo desde hace muchos años. Es al que le decimos “malo”, o “feo” o “tonto”. Este niño tiene mucho miedo de nosotros y suele “sabotearnos” a lo largo del camino. Es imprescindible conversar con él, sanar sus heridas y llegar a un acuerdo en el que las tres dimensiones de nuestro ser “tiren” en la misma dirección, como si de tres caballos llevando un coche se tratase.

Sanando Heridas

¿Qué te duele?Para ello nos tenemos que acercar a nuestro niño interior. Dedicarle unos 5 minutos al día todos los días. Frente al espejo mientras nos alistamos para empezar el día, o cuando querramos, podríamos decirle “Fulanit@ ¿cómo estás hoy? Te veo muy bien, te amo tal como eres y estoy muy orgullos@ de ti. Sé que no te he tratado bien, pero quiero que hagamos las paces, conversarías conmigo hoy?”.

(Ver abajo el Ejercicio 1: Las lecciones que debo aprender)

El primer ejercicio debe realizarse cuando hayamos avanzado un poco estas conversaciones y hayamos aceptado y entendido que no es que nuestro niño interno sea malo, sino que ha interpretado a su modo los hechos y ha reaccionado de acuerdo a aquellas interpretaciones. Y que a partir de ahora asumimos la responsabilidad de decirle lo que pensamos hacer y explicarle cómo aquello no lo va a dañar.

Puede ser que el niño interior, aún asustado, no quiera hacer este ejercicio porque pensará que al recordar las cosas se va a causar daño. Es por ello que hay que advertirle que si hay dolor, será un dolor que cure y que sane y que no se le reprochará por ello (desechar a priori la posibilidad de decir “qué imbécil fui, ¿por qué me puse a recordar eso?” porque cuando nos insultamos, estamos insultando a un niño pequeño y si no harías algo así con tu hijo, ¿por qué sí con un hijo tan especial como tú mismo?) y hay que prometerle una recompensa por hacer este ejercicio y haber actuado bien (por ejemplo, “luego, para que te sientas mejor, saldremos a caminar solos al parque”).

Aprender la lección

Luego que veamos el resultado de nuestro primer ejercicio, no le demos muchas vueltas. Aceptemos que no somos víctimas de un universo sin orden, sino somos alumnos en una escuela en donde se nos va a convertir en los mejores “yo” que podemos ser.

Al ver los resultados, estamos mirando en blanco y negro cuál es la lección que se nos ha tratado de enseñar una y otra vez. Yo sé cuál es la mía porque cada paso doloroso de mi vida me ha afectado de una misma manera. Y hay que agradecer el poder verlo, porque eso significa haber adelantado un paso enorme.

Demos gracias a Dios, a nuestro niño interno por cooperar con nosotros, y lo dejamos pendiente, para que nuestro “Yo Superior” nos diga la manera cómo no repetir esa lección. O en otras palabras, ahora nos sabemos de antemano las preguntas del próximo examen que la vida nos va a tomar (o del examen que la vida nos está tomando ahora mismo). Preguntemos las respuestas a quien las sabe (Yo Superior) para aprobarlo y podamos pasar a la siguiente materia de examen (¿o de verdad creías que aquí acababa todo?).

Volver al inicio

 ¿Qué te alegra?

( Ver abajo el Ejercicio 2: Lo que me hace feliz )

Aceptar que me merezco todo aquello que me hace feliz

Como a estas alturas ya hemos olvidado (o vamos en camino de olvidar) que nuestro niño interno es un “niño malo”, será más simple aceptar que ese niño se merece todo lo bueno tanto como te lo mereces tú, y repetirlo varias veces por varios días no está de más.

Aquí ya podemos aplicar las lecciones de la película “El Secreto” u otras lecciones para atraer éxito, abundancia, amor, y todo aquello que está en nuestra lista de deseos.

Ejercicio 1:

Toma una hoja de papel, divídela en 3 columnas y encabeza cada una de ellas con estas preguntas:

¿Cuáles son los momentos más dolorosos de mi vida?
¿Qué es lo que más me lastimó de esos momentos? Enumerar las actitudes mías o de los otros que me hicieron sentir una víctima
¿Cuáles son los reproches que me hago en el presente? ¿De qué me culpo? ¿Qué no me puedo perdonar?

 

Ejercicio 2:

Toma una hoja de papel, divídela en 3 columnas y encabeza cada una de ellas con estas preguntas:

 

¿Cuáles son los momentos más felices de mi vida?
¿Cómo me sentí en esos momentos?
Si un genio me concediera ilimitado número de deseos el día de hoy. ¿Cuáles serían?

Volver al inicio

Comentarios desactivados

  • a

  • Entradas recientes

    • Atracción de Abundancia
    • Una Buena Noticia en Santiago de Chile
    • Deudas Pendientes
    • A tí que Dudas
    • Rituales para trabajar con Arcángeles
  • Comentarios recientes

    Victor Ulloa en INSTRUCCIONES BÁSICAS MÉTODO…
    Helga Velasquez en INSTRUCCIONES BÁSICAS MÉTODO…
    emevecita en INSTRUCCIONES BÁSICAS MÉTODO…
    emevecita en INSTRUCCIONES BÁSICAS MÉTODO…
    JUDITH en INSTRUCCIONES BÁSICAS MÉTODO…
  • Blog Stats

    • 30,423 hits

Blog de WordPress.com.

Tema: Mistylook por Sadish